¿Porque celebramos el Nacimiento de Cristo?

Hace más de dos mil años tres reyes magos de Oriente partieron hacia Jerusalén al encuentro de un niño que estaba a punto de nacer. Ellos no conocían al recién nacido ni tampoco a los padres, pero sabían que aquel niño iba a ser el rey de los judíos. Llevaron consigo, con inmensa alegría, regalos dignos de tan importante acontecimiento. En cierto sentido hoy la realidad guarda alguna similitud con aquel momento histórico. Las calles se van vistiendo de fiesta, y sin darnos cuenta, los regalos se van volviendo protagonistas de este tiempo. Los centros comerciales tienen el tiempo más fuerte de ventas del año, y la publicidad inunda todos los rincones de la ciudad invitándonos a tener un presente para cada uno de nuestros seres queridos. Ofrecer regalos en Navidad es una bonita costumbre, y nos ayuda a darle importancia a este tiempo. Muchas veces, sin costumbre, olvidamos realmente quién es ese rey que le da sentido a la fiesta y por qué es tan importante celebrar su nacimiento, incluso dos mil años después de haber ocurrido. Por ello es bueno preguntarnos: ¿Por qué es importante celebrar el nacimiento de Jesús? ¿Qué relación tiene con mi vida personal y con la vida de la humanidad?


SIGUIENDO EL SIGNO DE LA ESTRELLA

Luego del pecado orginal la experiencia de dolor, ruptura y sufrimiento se hizo cotidiana, y el hombre clamaba a Dios por la salvación del pecado. En el gran marco de la historia de la salvación, el Pueblo de Israel fue elegido por Dios para ser destinatario de una promesa: Dios no dejaba solos a los hombres sino que los liberaría del pecado y de la muerte, les daría salvación. Los profetas habían anunciado de muchas maneras que "Dios estaba cerca" y que pronto sería enviado un Salvador. Si bien los reyes magos no pertenecían al pueblo judío, vieron en "una estrella" un signo del cumplimiento de aquellas profecías y decidieron ponerse en marcha.

Siguiendo la entrella los reyes encontraron la pobre aldea de Belén, donde vieron que otra promesa-signo se había cumplido: el Salvador anunciado por los profetas había nacido de una Virgen, cumpliendo así las palabras del profeta Isaías: «He aquí que una virgen está en cinta y va a dar a luz un hijo». El recién nacido no era un rey más del pueblo judío, sino que era el Salvador que Dios Padre había mandado para redimir a la humanidad. Era el Emmanuel, el «Dios con nosotros», el Hijo del Padre que venía a la tierra para reconciliar a los hombres con Dios. Era elgo inaudita, pues Dios, el Todopoderoso y Eterno, a quien nadie podía ver, se hizo uno de nosotros, asumiendo la fragilidad y debilidad de la condición humana en todo menos en el pecado.

En Belén, hace dos mil años, ocurría así algo que superaba cualquier expectativa, algo que iba más allá de lo que cualquier profeta, maestro o rey de las innumerables culturas y pueblos podía imaginar: Dios se hacía presente en el mundo por medio de su Hijo. Quizás no siempre somos capaces de dar a este acontecimiento toda la importancia que tiene para nuestra propia felicidad. Dios es "Alguien" que no sólo todo lo puedo y todo lo sabe, sino que ha salida a nuestro encuentro por amor. Él nos conoce plenamente de manera personal y es Alguien con quien nos podemos relacionar y entablar una amistad real. Dios se hizo hombre para reconciliarnos y mostrarnos quiénes somos realmente. Él se encarnó por todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo responder a este inmenso regalo que Dios nos hace? ¿Cómo respondera este don?


CREER EN DIOS Y CREERLE A DIOS

No es difícil constatar que estamos en un mundo donde hay constantemente grandes progresos tecnológicos y científicos. Esto nos podría llevar a pensar que el mundo progresa para bien. La medicina, los medios de comunicación, las posibilidades económicas, ofrecerían una cierta seguridad ante el futuro. Sin embargo, junto a ello descubrimos también que se nos puede hacer cada vez más difícil creer en lo que no vemos, en lo que no podemos medir y constatar por medio de los sentidos. Por otra parte, en no pocas situaciones los mismos "progresos" logrados muestran sus límites y carencias. Crece así en nosotros una cierta insatisfacción que nos lleva a constatar que en esos progresos materiales no están todas las respuestas. En el fondo de nuestros corazones nos damos cuenta de que no podemos vivir sólo de las cosas materiales sino que «tenemos necesidad de amor, de significado y de esperanza, de un fundamento seguro, de un terreno sólido que no ayude a vivir con un sentido auténtico también en la crisis, las oscuridades, las dificultades y los problemas cotidianos».

Eso fue lo que descubrió y vivió la Virgen en Nazaret. Su apertura a Dios hizo posible que el Señor Jesús se encarnara para vivir, morir y resucitar por nosotros. Ella no sólo creyó en Dios, sino que también le creyó a Dios, y por eso no dudó en pronunciar aquel "Hágase en mí según tu Palabra" que dio paso a nuestra salvación. La Madre nos enseñó así que también nosotros debemos vivir «un confiado entregarse a un "Tú" que es Dios, quien me da una certeza distinta, pero no menos sólida que la que me llega del cálculo exacto o de la ciencia».

Santa María cree en Dios no porque necesita inventarse algo para explicar lo que no entiende. Cree porque, apertura a la gracia divina, reconoce a Dios como fundamento último de toda su vida, reconoce a Dios que Amor y que «no puede engañarse ni engañarnos». Ella tiene la certeza de que Dios existe y que ama a los suyos, y que Él obra para salvar a la humanidad. La Virgen María nos enseña que la fe no es una irracionalidad o un absurdo, sino una respuesta de Alguien. Es una respuesta a Dios que quiere caminar junto a nosotros, encontrarse cara a cara con nosotros, para conducirnos al encuentro pleno y definitivo con Él. Nuestra fe no es creencia en una deidad abstracta, sino es fe en Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, que se entregó por nosotros los hombres para nuestra salvación.

Monaguillos Catolicos

Agustino Recoleto, Colombiano. Colaborador de la plataforma Monaguillos Católicos e impulsador de su constante actualización en noticias y en artículos de interés para todos los que nos dedicamos al culto divino, su estudio y su fiel práctica.

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