NACE LA IGLESIA


Durante casi 2000 años la Iglesia Católica ha llevado adelante esta misión predicando la buena nueva de que Cristo murió por todos los hombres y desea que todos seamos miembros de su familia universal.
Hoy la Iglesia Católica se encuentra en todos los países del mundo y todavía sigue enviando misioneros para "hacer discípulos de todas las naciones".






 DE CRISTO A CONSTANTINO

"Los primeros trescientos años de la Iglesia"
En mayo del año 337, el emperador Constantino yacía moribundo en Nicomedia, en Bitinia, una provincia Romana al noroeste de Turquía, no lejos del moderno Istambul. Poco antes de su muerte, había sido bautizado por el obispo de la ciudad, Eusebio, aunque su conversión al Cristianismo había tenido lugar hacía 25 años.
Diocleciano, para gobernar el vasto Imperio Romano, lo había dividido en dos partes: Oriente, cuya capital fue Bizancio y Occidente con Roma como capital.
Constancio Cloro gobernó la parte occidental y al morir en 306, el ejército proclamó a su hijo Constantino emperador de occidente. Sin embargo tuvo que luchar contra su rival Magencio y poco antes de la batalla en el puente Milviano, se dice que vid en el cielo las dos primeras letras griegas de la palabra Cristo o sea chí y ro y abajo las palabras: "Con este signo vencerás".
El 28 de octubre de 312 obtuvo la victoria quedando como único emperador de Occidente y se convirtió al Dios de los cristianos.
En 313 se entrevistó en Milán con Licinio, el emperador de Oriente y firmaron el Edicto de Milán, por el cual los cristianos obtenían libertad de culto y el derecho a tener posesiones.
Diez años después, en 323, Constantino derrotó a Licinio y fue así emperador de todo el mundo romano. Para gobernar sus dominios desde un centro geográfico, trasladó su capital de Roma a Bizancio y la llamó Constantinopla que es la actual Istambul, capital de Turquía.
El Edicto de Milán hizo de los cristianos, aunque eran una minoría, un cuerpo tolerado y cada vez más influyente en el Imperio. Llegarían a ser pronto muy favorecidos y salvo la interrupción del reinado de Juliano el Apóstata (361-363), la Iglesia Católica siguió gozando del favor los siguientes 1500 años. La llamada "era Constantiniana" había dado comienzo.
Necesitamos recordar dos cosas acerca de este evento: En primer lugar que cuando ocurrió la conversión de Constantino en 312, la Iglesia ya había adquirido muchas de las características que aún tiene.
Se había ya extendido al sureste tan lejos como la India y al noroeste hasta Inglaterra. Tres obispos ingleses estuvieron presentes en el Concilio de Arlés en 314. Tenía ya bien establecida la jerarquía de Obispos, Presbíteros y Diáconos y también un canon o lista de los libros inspirados del Nuevo Testamento y estaba en el umbral de formular sus convicciones acerca de la persona de Jesucristo en el Credo del Concilio de Nicea en mayo del 325.
En segundo lugar, existían muchas ventajas para la Iglesia bajo el patronato del Estado, libres de la persecución y lo más importante, el poder celebrar el culto públicamente.
Pero sin embargo acechaban graves peligros: los Emperadores querían a una Iglesia no tan solo cooperativa sino servil a cambio de beneficios. El conformismo, pues, se convirtió en una valiosa y peligrosa costumbre.
La Iglesia perdió mucho en el proceso pero esta pérdida dio lugar, en parte al menos, al crecimiento de la vida monástica que habiendo ya nacido, floreció en la era Constafitiniana.
Las etapas por las cuales la iglesia en su infancia articulaba sus creencias y buscaba a tientas sus estructuras, no fueron de ninguna manera claras. No surgieron de patrones organizados sino que la Fe y el Orden llegaron por presiones de afuera y de adentro. La Iglesia no estuvo nunca completamente "a gusto" en la variedad de contextos en los cuales nació y llegó a la madurez.
Al principio fue como un "florecimiento" del judaísmo, pero a pesar de que Cristo, su Madre y los primeros discípulos fueron todos judíos, las exigencias hechas por Jesús y para Jesús, rápidamente los incomodaron entre los de su raza: creyendo como creían que Jesús es no solamente el Mesías esperado por las naciones, sino también Persona Divina, no puede sorprendernos que sus compatriotas hayan encontrado esas creencias inaceptables y que Jesús mismo haya sido acusado de blasfemo.
Aparte, Jesús nació en un país ocupado. Judea estaba gobernada por un procurador romano, Poncio Pilato. El juicio asesino de Nuestro Señor y el rechazo subsecuente de los cristianos a adorar los dioses del Estado, inmediatamente los marcó como "ateos" y potencialmente peligrosos fanáticos, hostiles al gobierno.
Finalmente, la cultura dominante en el este del Mediterráneo, era griega. La "lengua franca" de todas las clases, era el griego; se había desarrollado una variación llamado "koine" que era usado en todos los rincones del Imperio.
Esto favorecía la rápida y fácil comunicación, pero también significó que si el Evangelio debía extenderse, debería ser traducido a un lenguaje más accesible que el hebreo. El esfuerzo necesario para la traducción trajo consigo inevitablemente la absorción gradual deformas de pensamiento distintas a las naturales de Judea y Palestina. El contraste entre las dos maneras de pensar es fácilmente detestable.
Hay algo de verdad en el aserto de que para los judíos la cuestión importante es "¿Qué debo hacer?", mientras que para los griegos sería "¿Qué soy?". La Moral es central para el judío, la Verdad para el griego.
El Cristianismo es desde su fundación una Fe Misionera; el asunto de la traducción es, por tanto, de primera importancia. Pero está llamado también a la fidelidad a Cristo y a sus raíces. Esta doble demanda exigió tensiones creativas en las primeras etapas de !a historia de la Iglesia.
A veces San Pablo predicaba su Fe en un lenguaje fácilmente inteligible para su oyentes como lo hizo en el Areópago de Atenas(Hech.17,16-34),pero en otras ocasiones hizo notar la fuerte oposición entre el Evangelio y los griegos (1 Cor. 1,22). Entre estos dos polos era muy difícil encontrar un justo medio, tanto entonces como ahora.
Las relaciones entre la Iglesia y su padre el Judaísmo, su posición dentro del Imperio Romano y su autotransformación en una Fe universal con la ayuda del pensamiento griego, tomó tiempo. Tuvo también que luchar en contra de fuerzas internas que amenazaban con dividirla y destruir su misma esencia. En otras palabras, aquellos primeros años después de la resurrección de Jesucristo fueron la plataforma sobre la cual se desarrollaron el Credo y las estructuras de la Iglesia, sobre todo el triple ministerio de los Obispos, Sacerdotes y Diáconos y la claramente formulada creencia de la plena divinidad de Jesucristo.


Marco Aurelio Vitrubio

Agustino Recoleto, Colombiano. Colaborador de la plataforma Monaguillos Católicos e impulsador de su constante actualización en noticias y en artículos de interés para todos los que nos dedicamos al culto divino, su estudio y su fiel práctica.

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