Concilio de Jerusalén

El Concilio de Jerusalén es el nombre dado a la primera reunión normativa de la Iglesia cristiana primitiva (hacia el año 50 d. C.),
según se relata en el capítulo 15 de los Hechos de los apóstoles. Existe la controversia de si llamarlo o no Concilio, normalmente no se le incluye dentro de los concilios de la Iglesia Católica aunque en la mayoría de las ediciones católicas de la Biblia sale con este título.

Antecedentes
Fue en la iglesia de Antioquía luego de que llegaran cristianos provenientes del Judaísmo que se escandalizaron al ver que los miembros conversos no habían sido circuncidados ni cumplían otros preceptos de las leyes judías. Estas personas, que no aparecen determinadas mayormente en el texto de los Hechos, comenzaron a predicar que era necesaria la circuncisión y la asunción de toda la ley de Moisés causando un gran estupor entre los primeros cristianos griegos. Por esta razón, los discípulos de Antioquía encomendaron a Pablo y Bernabé junto a “algunos de ellos” a acudir hasta Jerusalén para zanjar la situación.

Objetivo
El principal objetivo era determinar si para ser cristiano se debía primero ser circuncidado y seguir todos los preceptos de la Ley de Moisés (que constaba de unos 613 preceptos cuyo cumplimiento implica aceptar como propia la voluntad de Dios, aunque estos preceptos abarcaban desde lo civil, lo sanitario y lo religioso, en realidad son la clave de la conexión con Dios (algunos de estos preceptos están en la Torah en forma expresa, otros deducidos por los sabios) o bastaba con creer en Jesucristo, cumplir con las decisiones tomadas en esa ocasión y ser bautizados. La postura que expuso Santiago está registrada en Hechos 15:20, la asamblea lo aprobó y posteriormente envió a otros cristianos para que comuniquen la decisión tomada como se ve registrado en Hechos 15:28-29 donde dice: Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas necesarias: 29. abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de lo ahogado y de la fornicación. Haréis bien en guardaros de estas cosas.

Participantes y Proceso
Además de los mencionados Pablo, Bernabé y miembros de la iglesia de Antioquía, participaron los Apóstoles, y presbíteros (ancianos) de la iglesia de Jerusalén. Primero expusieron los farisaicos que proponían mantener intacta la ley de Moisés, luego Pablo y Bernabé explican sus posturas, pronuncian dos importantes discursos Pedro y Santiago. Este Santiago evidentemente no es el mismo apóstol que murió en el año 44. Y parece que fue el mismo Santiago que escribió el libro bíblico que lleva el nombre de Santiago.

Documentos
Al final del concilio se escribe el “decreto de Jerusalén” que luego de exponer la situación determina que los conversos de otras razas sólo deben evitar comer carne sacrificada a los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre, y deben tratar a los otros como quisieran ser tratados ellos. El texto de esta carta es el que sigue:
Los Apóstoles y presbíteros saludan a los hermanos de otras razas de Antioquia, Siria y Cilicia. Nos enteramos que algunos de los nuestros los han inquietado con sus palabras, turbando sus ánimos. No les habíamos dado ningún mandato. Pero ahora, después de convocar a la asamblea, decidimos en forma unánime enviar algunos hasta ustedes, junto con los queridos hermanos Bernabé y Pablo, quienes han consagrado sus vidas al servicio de nuestro Señor Jesucristo.
Así, pues, les mandamos a Judas y Silas, que les dirán lo mismo personalmente. Fue el parecer del Espíritu Santo, y el nuestro, no imponerles ninguna carga más que estas cosas necesarias: que no coman carnes sacrificadas a los ídolos y que se abstengan de todo lo que no quieren otros hagan con ustedes. Observen esta norma dejándose guiar por el Espíritu Santo. Adiós (He 15,23-29) (Biblia latinoamericana)
La Biblia de Jerusalén dice textualmente y añadiendo el mandato expreso de no consumir sangre:
28 Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables: 29 abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós.»
Se repite la idea bíblica de abstenerse de sangre, de igual modo, que Dios le dijo a Noé y su familia (toda la humanidad) después del Diluvio, en Génesis 9
3 Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde.
4 Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre,
5 y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana. (Biblia de Jerusalén)

Marco Aurelio Vitrubio

Agustino Recoleto, Colombiano. Colaborador de la plataforma Monaguillos Católicos e impulsador de su constante actualización en noticias y en artículos de interés para todos los que nos dedicamos al culto divino, su estudio y su fiel práctica.

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